Historia del Dinero

Presentamos en esta nueva entrega y dentro del apartado correspondiente al dinero, una introducción a la historia del mismo y a sus principales hitos a lo largo del discurrir del tiempo. Veremos por tanto su importancia en la antigüedad y la edad media, la aparición del papel moneda y su uso, y por último el llamado patrón oro y los distintos tipos de cambio.

El dinero. Concepto.

Según las fuentes más acreditadas el término “dinero” procede del latín “denarius”, el denario, la conocida moneda romana y aunque son muchas las definiciones que del mismo se pueden encontrar, me decanto por entender que dinero es todo aquel medio de intercambio, usado por la sociedad y aceptado de forma general por la misma como método o fin para llevar a cabo el pago de bienes, mercaderías y servicios. Además provee una forma estándar de hacer frente a determinadas formas de obligación y es uno de los métodos de contraprestación a cambio de un trabajo o labor determinada.

Al mismo tiempo, el dinero se presenta como medida de valor de esos bienes, mercaderías, servicios y obligaciones antes mencionados ya que nos ayuda a cuantificar el coste o precio de cada uno de ellos.

Es en el ámbito histórico, económico y mercantil donde podemos encontrar el desarrollo del dinero y su representación como concepto.

El dinero en la antigüedad y la edad media.

En un primer momento nos encontramos con el trueque como antecesor primario de los intercambios de bienes, este hecho entienden los expertos que se produce a partir del neolítico, en donde los primeros agricultores y ganaderos experimentan la necesidad de obtener productos cerámicos, utilería o herramientas básicas, por ejemplo vasijas, que ellos mismos no pueden producir, bien por carecer de los conocimientos necesarios, bien por no poder dedicar el tiempo suficiente para su elaboración.

Este trueque originario adolecía de distintas carencias, como el hecho de no existir una cuantificación objetiva o una valoración estándar de los distintos productos. Con todo ello el hombre de aquella época conoce la necesidad de convertir su grano en pieles o sus pieles en vasijas y comienza a experimentar con el acuerdo de intercambio, concepto este que se prolongará hasta nuestros días.

Obviamente con el tiempo y el uso de los metales las situaciones fueron cambiando y se empezaron a usar aquellos elementos que podríamos definir como diferentes a los propios del trueque. Me explico: Un cazador podía cambiar un hacha por un cesto de grano en un primer momento, pero con el tiempo y los propios inconvenientes que esta forma de actuar tenía, los intercambios se hicieron a favor de distintos materiales a los propios a intercambiar, así por ejemplo plumas, piedras preciosas o simplemente bonitas, conchas, e incluso huesos pulidos a los que se les daba distintas formas y tamaños.

Es decir, en esta segunda etapa no se buscaban ya los objetos por su propia utilidad o interés práctico en poseerlos sino que se tenían en cuenta otros factores como la facilidad de circulación o la liquidez, siempre referidos estos términos a sus primeros y más básicos conceptos.

Por tanto se buscaban y encontraban medios de intercambio distintos a los propios bienes necesarios que en un primer estadio habían sido los actores del mismo.

Comentaba un poco más arriba que va a ser la aparición, manejo y producción de los metales la que producirá una inflexión en este asunto. Básicamente nos referimos al oro y la plata sin descartar otros varios metales que se usaron en su momento y cuya actualidad periclitó por la hegemonía que los anteriores fueron tomando poco a poco.

Si seguimos a Herodoto, las primeras monedas se acuñaron por el pueblo Lidio. En efecto, parece ser que las primeras encontradas, aparecen en Lidia en la actual Turquía y datan del siglo VII a. C. durante el reinado de Giges.

Lo que parece ser cierto es que las primeras monedas se acuñaron en base a una aleación llamada electro, a partir de plata y oro, con un peso de 4,76 gramos (otras alcanzaban hasta los casi 15 gramos)  y con una cabeza de león como estandarte, ya que este era símbolo de la realeza.

Pero las monedas antiguas más conocidas fueron acuñadas en Grecia por distintos Reyes e incluso ciudadanos particulares e influyentes. Durante la Edad Media se suceden cientos de acuñaciones distintas, que los numismáticos se ocupan de catalogar. De esta forma, nobles, señores feudales e incluso obispos poseen su propia moneda, produciéndose lo que se conoce como “dispersión de la edad media”.

Va a ser, finalmente,  durante el siglo VIII con Carlo Magno, el momento en que se intenta acabar con esta dispersión intentando centralizar el poder, la acuñación de monedas, sometiendo estas a unas normas y requisitos legales, de pesaje, etc.

El papel moneda.

Los orígenes de lo que hoy entendemos como papel moneda aparecen relativamente confusos en el tiempo. Así parece ser que fueron los chinos de la dinastía Tang, en el siglo IX, los que primeramente comenzaron a intercambiar sus monedas de plata por certificados nominales de importe en los primigenios bancos de la época.

Posteriormente se tienen noticias de su uso por el emperador Mogol Kublai Khan, corriendo ya el siglo XI.

De todo lo anterior podemos colegir que el papel moneda aparece como una necesaria evolución del dinero acuñado bajo metal, bien sea porque los depositarios del mismo certificaban su existencia o propiedad o como algunos apuntan por la seguridad en el tráfico que el mismo producía frente al transporte masivo de monedas.

Pero su uso va a tardar en generalizarse.

Es importante distinguir en estas primeras etapas lo que es el papel moneda del propio billete moneda, que aunque parecen ser la misma cosa no lo son. En España, por ejemplo podemos hablar históricamente del “billete”, el “vale real” como título de deuda pública creado por la monarquía en 1.780 bajo el reinado de Carlos III, la “obligación al portador”, el “certificado provisional”, o el famoso “certificado de plata” entre otros documentos que se fueron emitiendo en distintas épocas.

Como quiera que fuese, parece ser que los historiadores se ponen de acuerdo para afirmar que la primera emisión moderna de billetes de banco tuvo lugar en 1.661, en Suecia.

En España la primera emisión que podemos considerar como tal la encontramos a cargo del Banco de San Carlos, precursor originario del Banco de España. Corría el año 1.783.

El patrón oro y los tipos de cambio.

Todo lo visto anteriormente nos llevó a consolidar el pensamiento moderno del “respaldo” del papel moneda en base a distintos patrones, aunque el propio hecho de respaldar o certificar el papel en su uso corriente como moneda o medio de intercambio es anterior como hemos podido ver líneas más arriba.

Aparecen en el siglo XIX los patrones bajo forma de metal noble, y así durante este siglo y el siguiente, el XX los países buscarán respaldar su moneda en base a dos patrones, el del oro y el de la plata.

Hasta la primera guerra mundial, se adopta por la mayoría de estados el patrón oro, permitiéndose la libre circulación de capitales y la convertibilidad del papel moneda en oro, en base a un tipo de cambio establecido y que generalmente era fijo.

La guerra de 1914 va a dar al traste con todo este sistema, intentándose después de acabada la misma volver a los tipos anteriormente existentes y al patrón oro como tal, cosa que no terminó de ocurrir dadas las crisis de los años veinte y treinta y desde luego lo que hoy conocemos como la Gran Depresión.

Posteriormente vendría la segunda gran guerra mundial y con ella los acuerdos de Bretton Woods (New Hampshire, USA), que posibilitarían los acuerdos monetarios de julio de 1.944.

Fueron setecientos treinta delegados de cuarenta y cuatro naciones las que se dieron cita en la famosa Conferencia Financiera y Monetaria de las Naciones Unidas, en donde por primera vez en la historia se intentaba un acuerdo marco generalizable al conjunto de todas las naciones una vez finalizada la segunda guerra mundial.

En este sentido el papel del dólar estadounidense se afianzó como moneda respaldo convertible en oro a razón, en principio de 35 dólares la onza. La historia posterior nos cuenta que este sistema funcionó relativamente bien hasta finales de los sesenta.

Con posterioridad, vendrá la época convulsa de la década de los setenta donde la desconfianza de los principales socios entre sí, unida a factores socio-económicos daría lugar a la crisis del año 1971. Son muchos los factores que aquí se entrecruzan y no es esta la sede para analizarlos con detenimiento, no obstante el gasto bélico producido por la guerra de Vietnam y la escasez de oro en las reservas de Fort Knox, entre otros factores, provocaron que el Presidente Richard Nixon suspendiera de forma unilateral la convertibilidad del dólar en oro, a partir del mes de diciembre de 1.971, donde también ordenó la primera gran devaluación de la divisa americana. Todo esto llevaría al agotamiento del sistema establecido en Bretton Woods y a su total ineficacia. Podemos decir que el año 1.973 marca un hito nuevo en este sentido acabando definitivamente con la convertibilidad del dólar en oro.

A partir de aquí y hasta nuestros días, las divisas han sufrido distintas transformaciones pasando los tipos de cambio fijos a ser totalmente flotantes. Y en algunos casos y durante determinados periodos de tiempo, mixtos.

Finalmente podemos decir que han sido cuatro los tipos de cambio que los distintos países han venido utilizando a lo largo de la historia:

Sistema de cambio fijo: en donde el valor de una divisa está vinculado al de otra divisa distinta, a una cesta compuesta por distintas divisas o, por supuesto, al precio del oro.

Sistema de cambio semi-fijo: En donde cada Banco Central o Autoridad Monetaria va ajustando de forma periódica el valor previamente establecido (fijo) de su divisa. Es una variante del primer sistema.

Sistema de cambio flotante: En este sistema, el valor de la divisa viene a fluctuar libremente siendo condicionado, entre otros factores y como principal, por la propia oferta y demanda de esa moneda.

Sistema de cambio mixto: En donde pueden llegar a convivir varios de los sistemas expuestos anteriormente, así el fijo y el flotante que pueden ser utilizados simultáneamente en distintos aspectos de la economía.

Artículo escrito para TODOS A LA BOLSA

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Historia del Dinero
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El dinero, desde el trueque hasta nuestros días.
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