Jueves Negro

Hoy quiero recordar, el que fue un día terrible para las Bolsas, el 24 de octubre de 1.929, el famoso Jueves Negro que dio comienzo a lo que luego conoceríamos como el “Crack del 29”. En realidad todo se gestó con anterioridad a esa fecha y los indicios de que algo terrible estaba ocurriendo se habían sucedido a lo largo de varios meses, aunque en general los interesados volvieron sus cabezas hacia otro lado. Como quiera que fuese las ventas llevadas al límite, la situación interna de los Estados Unidos y una serie de coincidencias (¿coincidencias?) económicas posibilitaron aquella catástrofe nacional que traspasó fronteras.

Como se ha escrito mucho sobre la cronología de los hechos no quiero cansarles yo con la misma, que además posiblemente conocerán bien. En esta ocasión pongo el foco en una anécdota que se dice ocurrió unos días antes y que explica muy bien cuál era el descontrol reinante.

Es algo entre cómico y costumbrista, que no estaría exento de cierta gracia si no fuera por las consecuencias que el fenómeno originado a posteriori, y del que ahora nos ocupamos, marcó la vida de millones de personas.

El protagonista de la misma es Joe Kennedy, si hacemos caso de lo que ya es leyenda en el mundo de la Bolsa. El caso es que una mañana el mencionado fundador de la dinastía decidió parar a limpiarse los zapatos en el puesto que Patrick Bologna tenía en Wall Street.

Una vez acomodado, comenzaron a charlar desenfadadamente sobre los mercados, ya que he de poner en su conocimiento que el ya famoso limpiabotas era aficionado a las predicciones bursátiles y como por su puesto pasaban muchos ejecutivos tenía fama de “acertar”.

Aquella mañana fría de octubre Bologna, mientras pasaba las hojas del Wall Street Journal  recomendó a su cliente que “comprara petróleo y ferrocarriles, ya que estos se iban a disparar subiendo hasta el cielo”. En esto siguió el famoso limpiabotas ofreciendo datos y realizando su propio análisis de la situación financiera.

Finalizado el trabajo Joe Kennedy pagó su cuarto de dólar correspondiente y se encaminó preocupado hasta su despacho. En realidad no podía dar crédito a lo que le acababa de ocurrir… ¡el limpiabotas se dedicaba a dar recomendaciones de bolsa!

Cuentan los que propagan esta anécdota (¿será verdad?) que esa misma noche J.K. le comentó lo ocurrido a su mujer y que esta le dijo “vende todo”. Aunque algunos escritores que recogen la anécdota ponen esta idea en la propia mente de Joe Kennedy, como quiera que fuese, a partir de la mañana siguiente comenzó a vender todos y cada uno de sus activos, salvándose de la quema que ocurriría poco más tarde.

Leyenda o no la verdad es que nuestro protagonista conservó toda su fortuna prácticamente intacta a lo largo de toda la fase, y no solo la conservó sino que incluso, según alguno de sus biógrafos, la incrementó, al hacer lo mismo con sus posiciones bajistas. Capeó la Gran Depresión.

Según dicen tomó esta estrategia anticipada de venta al comprobar que cualquiera podía recomendar sobre Bolsa, lo que le asustó sobremanera.

A él se atribuye la frase:

“When beggars and shoeshine boys, barbers, and beauticians can tell you how to get rich, it is time to remind yourself that there is no more dangerous illusion than the belief that one can get something for nothing”

Que yo me atrevo a simplificar, sin hacer una traducción literal

“Cuando hasta el limpiabotas habla de bolsa, es tiempo de vender”

Décadas después, me pregunto: ¿Habremos aprendido algo de todo ocurrido?

La pregunta queda en el aire. Sírvase usted mismo.

Artículo escrito para todosalabolsa.com

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