Cuidado con los Bancos

Vivimos unos tiempos (económicos) complicados en donde la picaresca ha abandonado la calle para hacerse fuerte en los despachos. Tal parece ser el caso de algunos bancos y entidades financieras que intentan cada vez con mayor insistencia hacerse con nuestro dinero aun a costa de bajar a las más profundas cloacas financieras. Desde Todos a la Bolsa intentamos cada día poner en su conocimiento aquellas prácticas que consideramos contrarias al buen actuar que esperamos de la banca y afines. Lamentablemente los casos se repiten una y otra vez y los afectados comprueban con estupor como han sido engañados precisamente por aquellos en los que han depositado su confianza financiera (si es que puede existir algo parecido a esto) perdiendo, en la mayoría de los casos, desgraciadamente, los ahorros generados después de una vida de trabajo y esfuerzo.

Ejemplos cotidianos no faltan, a veces incluso más cercanos a nosotros mismos de lo que nos gustaría, preferentes, cláusulas suelo, estructurados… la lista es bastante amplia.

Y es que son muchas ya, las veces que insistimos desde esta sede en la prudencia que debe acompañarnos a la hora de contratar algún producto financiero, así como en la necesidad de conocer bien acerca de lo que estamos contratando, aun a pesar de las múltiples trabas que nos ponen para evitar precisamente que podamos conocer el contenido y las obligaciones concretas que implican determinados productos e instrumentos financieros.

Lo cierto es que la banca no tiene toda la culpa. Y es que nosotros, los consumidores finales de sus productos, en muchas ocasiones nos dejamos llevar, bien por comodidad, bien por nuestra propia ignorancia o simplemente porque consideramos que frente a estas corruptelas y engaños no podemos hacer nada. Pero la realidad nos muestra que con muy poco esfuerzo podemos evitar estas situaciones desagradables que pueden acabar por vaciar nuestras cuentas corrientes dejándolas a cero.

En esta nueva entrega vamos a presentarle algunas prácticas de la banca que debe conocer (y evitar o atemperar en la medida de lo posible) si no quiere que se vuelvan contra usted, haciéndole perder, como no, parte de su dinero. Veámoslas.

Las Hipotecas.

Con respecto a las hipotecas debe tener muy claro qué es lo que quiere contratar y no adquirir compromisos con otros productos que o bien no le interesan o bien son tremendamente caros. Y sobre todo productos sobre los que no pesa la obligación de contratar. En este sentido cuando queremos contratar una hipoteca es posible que junto a ella nos intenten colar otros productos no deseados y que intentan vendernos como obligatorios. Tal es el caso de los seguros de vida o de los de hogar que en ningún caso son obligatorios o condición sine qua non para contratar y que nos intentan colocar como necesarios, cuando en realidad no lo son (salvo el seguro de incendio que es obligatorio para viviendas hipotecadas) aunque intenten hacernos creer que son imprescindibles a la hora de concedernos la hipoteca. No olvidemos que también es corriente que nos ofrezcan (a veces como obligación previa a la concesión de la misma) que contratemos fondos, depósitos o planes de pensiones… No compre nada que no desee y que no entre dentro de sus planes. Si quiere o necesita una hipoteca, compre sólo esto y nada más, por mucho que intenten vendérselo con insistencia. Además tenga en cuenta el precio que debe pagar por ellos, nuestra experiencia nos demuestra que suelen ser los más caros del mercado. Además si necesita este tipo de seguros, puede contratarlo con el banco que considere oportuno, no necesariamente con el que le oferta la hipoteca. Y es que esta práctica indeseable se ha convertido en algo de lo más normal pero no por ello debemos caer en el engaño. Recomendación: no contrate estos productos añadidos salvo que le reporten alguna ventaja real a la hora de hipotecarse, por ejemplo un buen diferencial (menor) que le haga pagar menos y le compense realmente. No deje de hacer números, por poco que le apetezca, a la larga lo acabará agradeciendo.

Tarjetas de Crédito.

Cuidado con las tarjetas de crédito. Nuestro consejo es que si pueden evitarlo no las contraten y trabajen con tarjetas de débito. Sabemos que en muchos casos son necesarias, pero no por ello debemos contratar la primera que se nos ofrezca. En este sentido, es muy importante comparar las distintas posibilidades que hay en el mercado. En general y si necesita contratar una cerciórese bien de cuáles son las condiciones en las que las adquiere, en este sentido debe valorar el pago anual que deberá realizar sólo por el hecho de tenerla y las comisiones por pagos aplazados y descubiertos. En efecto, siempre será mejor realizar pagos únicos que aplazar los mismos ya que pueden llegar a cargarnos comisiones realmente astronómicas que en algunos casos llegan al 26%. En cualquiera de los casos si alguna de estas situaciones (compra aplazada, descubierto…) llega a producirse controle muy bien qué cargos le intentan cobrar y sobre qué base lo hacen. No tire su dinero solo por no molestarse en hacer una llamada de comprobación. Pida todas las explicaciones que necesite y si no está de acuerdo consulte con las organizaciones que velan por los derechos del consumidor en el marco financiero.

Otro de los asuntos muy cuestionados, en el momento de la contratación de una tarjeta de crédito, es la activación por parte de la entidad financiera de la tarjeta que nos ofrece en modo “revolving”. ¿Qué? ¿Pero qué es esto? Pues es la práctica más habitual de la mayoría (dejémoslo así) de bancos y consiste en entregarnos la tarjeta  activada con el peor modo o método de pago que existe y que consiste (con distintas variantes) en que pagues por defecto de forma aplazada… una cantidad fija todos los meses por ejemplo. Bien en principio puede gustarnos no hacer frente a un gasto en un solo pago, pero la realidad y la experiencia nos demuestra que este método de pago a la larga nos pasará factura. En resumen, con el revolving activado en nuestra tarjeta tardaremos más en pagar nuestras deudas y desde luego pagaremos unos intereses altos que sólo beneficiaran al que nos la ha ofrecido. Pague al contado y si necesita aplazar, gestiónelo de otra manera, no a través de su tarjeta de crédito. Su capital, con el paso del tiempo, se lo agradecerá.

Los Depósitos.

Atención a los depósitos. Generalmente es el primer producto que nos suelen ofrecer los bancos cuando les pedimos consejo sobre como colocar nuestro dinero. Si bien estos han vivido mejores momentos, en la actualidad prácticamente no hay ninguno que sea realmente rentable. Desde Todos a la Bolsa hemos realizado un estudio pormenorizado de los mejores depósitos en España llegando a la conclusión de que no son interesantes para la mayoría de los pequeños inversores. Y es que con intereses o rentabilidades cercanas o iguales al 1% poco se puede ganar, si bien es cierto que algunas entidades (las menos conocidas y con mayor riesgo obviamente) ofertan soluciones superiores a la cifra que acabamos de manejar pero que incluso en estos casos, resultan insuficientes para poder plantear estos depósitos dentro de una cartera bien conformada.

El problema de los depósitos es que el inversor medio sólo tiene en cuenta el interés que la entidad le oferta (por ejemplo el 0,75 que está ofertando un conocidísimo banco español en depósitos a 18 meses…) sin reparar en otros componentes que debe poner en relación con la rentabilidad conocida para poder llegar a saber cuál es la rentabilidad real a la que se enfrenta adquiriendo este o aquel depósito. Y es que el problema aparece (y la solución con él) cuando tenemos en cuenta que a la rentabilidad ofertada por el banco hay que restar el efecto inflación (imaginemos un 1,5%) así como también la liquidación de los impuestos correspondientes anejos a las ganancias obtenidas por el depósito en cuestión, y que al momento de escribir estas líneas oscilan entre el 21 y el 27 por ciento. Es decir que debemos poner en juego estos tres factores para poder conocer cuál es la rentabilidad real que finalmente el dichoso depósito nos va a proporcionar.

Podemos encontrar en el Magazine un artículo dedicado a la rentabilidad, en el que se nos explica cómo calcularla, teniendo en cuenta los distintos factores que inciden en ella. Le sugerimos que lo lea. Puede encontrarlo en la Sección “Vivir de la Bolsa”. El artículo se llama “La Rentabilidad” y le recomendamos que tenga en cuenta su contenido si realmente no quiere perder dinero con sus inversiones en términos reales.

Como decimos, los depósitos van a ser en la mayoría de los casos el primer producto que intenten vendernos en nuestro banco de referencia y generalmente avalarán esta venta basándose en la seguridad del mismo… ¿Pero son realmente seguros los depósitos? Llegados a este punto hemos de hacer una pequeña aclaración conceptual, es necesario distinguir los depósitos de las I.P.F. cosa que no todos los inversores (ni los propios bancarios en muchas ocasiones) tiene claro y es que cuando hablamos de depósitos lo hacemos refiriéndonos al producto de inversión en un sentido general, con distintos elementos que conforman diferentes tipos de depósitos. De esta forma podríamos hablar de depósitos a la vista, como los de las cuentas remuneradas, los que mantienen un plazo determinado o variable, los que llevan aparejados la entrega de un regalo (que casi siempre pagamos a precio superior al del mercado) los estructurados, de los que hablaremos más adelante, etc… Pero si bajamos un escalón más nos encontraremos con las denominadas Imposiciones a Plazo Fijo (I.P.F) depósitos dinerarios generalmente puros (en un sentido jurídico del término)  que sin dejar de ser depósitos (obviamente lo son) se presentan como una mejor opción  entre las mencionadas anteriormente. Llegado este momento consideramos importante recordarle que los depósitos dinerarios, tales como las cuentas corrientes o las I.P.F. de las que ahora estamos hablando, están garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos (F.G.D) con hasta 100.000 euros por cuenta y titular, cosa que no ocurre con otro tipo de inversiones y que por supuesto no alcanza a todos los productos financieros, ni mucho menos. Algunos que se quedan fuera son los planes de pensiones, las inversiones en bolsa y mercados financieros (Forex, Materias Primas, Derivados, etc.), los fondos de inversión o los pagarés, bonos y obligaciones, que a la hora de ser devueltos dependen del capital presente en la entidad con posibilidad (o no) de hacerse cargo de los mismos.

Por último en este epígrafe,  aclarar a nuestros lectores (hemos recibido bastantes consultas al respecto) que con relación a los seguros de ahorro, estos dependen de la aseguradora correspondiente, no de una entidad de crédito como tal por lo que si se produjera una quiebra en la entidad aseguradora que suscribe el seguro, el capital no estaría garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos, sino que el capital aportado al mismo se garantizaría (al 100% en principio) por el denominado Consorcio de Compensación de Seguros que en estos supuestos actúa de forma similar al F.G.D. como institución garante.

Concluyendo, dedicaremos algunas líneas a los peligrosos (si no se conocen a fondo) depósitos estructurados. Y es que los bancos parecen haber dado con la gallina de los huevos de oro con la comercialización de este tipo de productos. Pero no nos engañemos, ya que el adjetivo “estructurado” acompañando al concepto depósito ya debe despertar todas nuestras alertas. Los depósitos estructurados se basan en compartimentar el depósito propiamente dicho en dos elementos dentro del mismo pero que funcionan con normas financieras distintas. Y ahí es donde reside el peligro para el pequeño inversor, tal como advierten las principales organizaciones y asociaciones de consumidores. La primera parte de un depósito estructurado suele aparecer como un depósito dinerario al uso sin mayor problema, es decir una parte de nuestra inversión se realiza a un plazo determinado con una remuneración previamente establecida (por el banco y bajísima en la mayoría de los casos) que se complementa con el desarrollo que una estipulada cesta de valores obtenga en un determinado mercado. Típico depósito estructurado: un 20 por ciento del capital depositado funciona con un plazo fijo y un interés determinado (un 0,35% por ejemplo). Esta sería la parte “sin riesgo” (fíjense que lo ponemos entrecomillado, por algo será) mientras que el resto, el 80 por ciento del capital a depositar se invierte en una cesta de valores, generalmente de renta variable, que debe superar unos márgenes de ganancia para que el interés que se nos oferta con ella se perfeccione y obtengamos alguna ganancia. Es decir dependemos a la hora de ganar algún dinero, de la evolución que esa cesta tenga en el mercado en el que trabaja. Si la cesta tiene valores cotizados en índices (Santander o Telefónica en el Ibex35, por ejemplo) dependeremos de sus subidas para poder ganar pero seremos esclavos de sus bajadas, que irán haciéndonos perder nuestro capital si estas perduran en el tiempo. En definitiva, la mayor parte de nuestro dinero quedará invertido en renta variable, en valores del Ibex35 por ejemplo… Pero oiga, es que lo que yo quería era un depósito sin riesgo… Pues este definitivamente no es su producto.

Esté muy atento a lo que compra. No deje que le vendan lo que no es adecuado a su perfil, compre sólo cuando haya entendido muy bien el funcionamiento del producto que le ofrecen y comprenda el riesgo que asume con él y los posibles beneficios que puede llegar a obtener. En un depósito usted debe conocer cuánto va a ganar, no cuanto podría ganar. La diferencia es sutil, pero no baladí.

Fondos de Inversión.

Estudie con detalle los Fondos. Déjese aconsejar sólo por expertos. Y tenga en cuenta que en estos casos los expertos no suelen ser los que lo parecen por el mero hecho de recibirles detrás del mostrador de un banco. Si quiere trabajar con fondos busque la ayuda de asesores financieros titulados y reconocidos con las certificaciones europeas vigentes. Todos los demás no le deben ofrecer ninguna garantía. Escape de ellos. Igualmente escape de los fondos estrella ofertados por los grandes bancos ya que generalmente suelen ser los que ellos tienen en campaña en ese momento, no teniendo que ser necesariamente ni los mejores ni los más adecuados para usted. Eso sí, con seguridad serán los más adecuados para su banco. Ellos siempre quieren ganar… ¿Y usted? Si la respuesta es afirmativa entonces estudie, busque y compare. Luche por salvaguardar su capital con la misma fuerza y apasionamiento que lo ha hecho para conseguirlo.

Evidentemente los fondos siguen siendo una buena alternativa de inversión a medio y largo plazo, pero recordando lo dicho anteriormente y sabiendo escoger entre los miles (sí, miles) que existen en el mercado actual. Nuevamente le recordamos que busque la ayuda experta de un asesor financiero titulado.

Otro aspecto que debe tener en cuenta a la hora de contratar un fondo de inversión, es el tema recurrente de las comisiones, que en los bancos más conocidos suelen ser más elevadas que en las gestoras independientes. Debe por tanto valorar nuevamente este nuevo elemento a la hora de decidirse por un fondo determinado. Controle las comisiones que paga.

El Riesgo.

Mucha atención al Riesgo. Y el riesgo, expresado de una forma contundente, no es otra cosa que la posibilidad real de poder perder todo su capital, toda su inversión. En la actualidad, gracias a las actuaciones de los ciudadanos, bien de forma particular o a través de organizaciones de consumidores se va consiguiendo, poco a poco, que las entidades de crédito informen a sus potenciales clientes del riesgo o riesgos que pueden correr al contratar algunos productos financieros. De esta forma el estado ha tenido que tomar cartas en el asunto.

El problema es que en España no existe una cultura bolsista arraigada ni una educación sobre finanzas en los escalones anteriores a la universidad, lo que nos deja dentro del grupo de países con poco o nulo conocimiento técnico sobre la bolsa, los mercados y las finanzas personales. Evidentemente esto no ocurre en otros países en donde desde bien jóvenes los ciudadanos están acostumbrados a invertir y a llevar a cabo operaciones de bolsa con gran normalidad y sobre todo con un mayor conocimiento de lo que están haciendo.

En España, se ha venido haciendo todo lo contrario, es decir se ha procurado someter a la más cruda ignorancia al consumidor con la torticera intención de alejar el foco de decisión del mismo hacia los “especialistas” proporcionados por las empresas comercializadoras y cuya única intención es cubrir sus cupos de ventas, sin tener en cuenta los intereses de los inversores minoristas. Afortunadamente esa situación está cambiando. Un ejemplo claro de ello son las acciones que se están llevando a cabo, en la intención de ofrecer al consumidor de bolsa y mercados financieros una información veraz, sobre los productos e instrumentos que va a contratar.

Para ello se ha creado una clasificación acerca del riesgo, la complejidad y la liquidez de los productos e instrumentos financieros que se comercializan. En este sentido la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) viene abundando en el hecho de la información, al igual que el resto de las instituciones implicadas. Un paso adelante tuvo lugar con la publicación en el Boletín Oficial del Estado de la orden ECC/2316 del año 2015, el 4 de noviembre que exponía las obligaciones (finalmente) de información y clasificación de los ya tan traídos productos financieros.

Aunque insuficiente a nuestro entender, sí se produce un avance considerable con respecto a la situación anterior de partida ya que finalmente los consumidores contaremos con un documento precontractual de información de las características principales del producto que queremos contratar. Esta información debe ser estandarizada y de fácil comprensión por el gran público y los inversores minoristas (a los que básicamente va dirigido) en la intención de ofrecer la información imprescindible que nos ayude a valorar aquellos productos en los que estamos interesados de una forma sencilla y visual. De esta forma nos encontramos con el denominado “indicador de riesgo” herramienta que debemos utilizar y tener presente a la hora de contratar cualquier producto financiero y que las entidades ofertantes están obligadas a poner a nuestra disposición.

Riesgo FinancieroEn realidad este “indicador del riesgo” tiene varios componentes. De una parte aparece el llamado coloquialmente “semáforo del riesgo” que basándose en distintos colores y categorías nos ofrece una visión primera y muy concreta de cuál es el tipo de riesgo que tendremos que soportar al adquirir un determinado producto. Por tanto, el riesgo aparecerá de forma visual compartimentado en seis grandes categorías marcadas gráficamente cada una de ellas con su propio color, color que es asociado a un riesgo determinado desde el menor grado de riesgo, con el color verde, hasta el del riesgo más alto el rojo. Se complementa este sistema con una serie de alertas sobre la liquidez y complejidad del producto.

Tenemos por tanto tres factores que analizar a la hora de contratar algún producto financiero. Su grado de riesgo, marcado por los distintos colores, y las alertas sobre liquidez y complejidad del producto.

Este sistema se aplica como es lógico a los servicios y productos de ahorro e inversión que aparecen incluidos en el artículo 2 del texto refundido de la Ley del Mercado de Valores (LMV). Pero también es de aplicación a los depósitos bancarios, de los que ya hemos hablado unos párrafos más arriba, a los seguros de vida (con algunas excepciones) y a los denominados planes de pensiones.

En el lado contrario, quedarán excluidos aquellos seguros de vida que posean un elemento de inversión, así como también las participaciones en fondos de inversión y, como no, los famosos estructurados, tanto en forma de depósitos o bajo otros tipos de presentación. También los seguros y fondos de pensiones colectivos, la propia deuda pública nacional, junto con la de los estados miembros de la Unión Europea y los denominados productos PRIIPs (Packaged Retail Investment and Insurance Products) que básicamente podríamos definir como aquellos productos sujetos a variaciones por causa de su exposición bien a determinados valores de referencia, bien a la evolución de determinados activos subyacentes. Para ellos se cuenta con un documento estandarizado y armonizado por la UE a partir de diciembre del año pasado (2016).

Recordemos como muy importante que los bancos tienen la obligación (sí) de entregar esta información antes de proceder a la contratación de cualquiera de estos productos, entre los que se encuentran, como ya hemos adelantado, depósitos, bonos, acciones, seguros y planes de pensiones. Por tanto antes de realizar cualquier operación exija que le proporcionen esta información.

Como decíamos en la cabecera de este epígrafe: Mucha atención al riesgo.

Plan de Pensiones.

Estudiar y comparar antes de contratar. El Plan de Jubilación, que es como se conoce tradicionalmente al Plan de Pensiones o al Plan de Previsión Asegurado (PPA) puede llegar a convertirse en todo un quebradero de cabeza si no se lleva a cabo de una forma correcta y ordenada. En este sentido hay que tener mucho cuidado a la hora de contratar uno de estos productos teniendo en cuenta distintos factores como la edad, los ingresos fijos mensuales así como las posibilidades reales de seguir obteniéndolos, la compañía con la que se contrata, el tipo de interés ofertado…

En definitiva y al igual que ocurre con la contratación del resto de productos financieros debemos tener muy claro qué es lo que vamos a contratar y con quien antes de hacerlo. Lo ideal es contar con la colaboración experta de un asesor financiero debidamente titulado (como ya hemos recomendado en otras ocasiones e incluso en este mismo documento) que nos explique en profundidad las ventajas e inconvenientes de los mismos y cual de entre los existentes es el que más se adapta a nuestro perfil.

Dicho esto, debemos tener en cuenta algunos factores que han cambiado en este tema a partir de la reforma llevada a cabo el pasado enero de 2015. Y lo primero que debemos exponer es que en el momento del rescate del plan, bien se disponga del dinero obtenido como renta o como capital íntegro (como renta que se va “cobrando” en varias veces o como capital en una sola vez) el mismo tributará (cuando menos en 2017) como rendimiento de trabajo, que por tanto estará sujeto a retención antes de que llegue a su cuenta. Así pues, repetimos, a efectos fiscales el capital obtenido tendrá la consideración jurídica de rendimientos del trabajo, tal como lo pueden ser las cantidades obtenidas vía salario o sueldo. Esto viene “heredado” del famoso artículo 37 de la Ley 35/2006 del IRPF que se expresa en tal sentido.

Después de la reforma de enero de 2015, las cantidades aportadas tienen una nueva limitación a 8.000 euros, con independencia de la edad, o bien el 30% de los rendimientos netos obtenidos por trabajo o actividades económicas. También debe tener en cuenta que se amplía a 2.500 euros el límite de aportación en favor del cónyuge.

Debemos recordar que la tributación también tendrá lugar si el titular o partícipe del plan fallece y lo cobran sus beneficiarios.

Por tanto debe tener muy en cuenta el sistema de desgravación actual y lo que deberá pagar a Hacienda el día del rescate. También puede contar con la ayuda de algún simulador de aportaciones o hacerlo de forma manual usted mismo con un poco de paciencia para intentar tener una idea, aunque sea aproximada de qué cantidades cobrará y cuales le serán retenidas. En esta simulación es muy importante que tenga en cuenta y ponga en valor las comisiones que el banco le irá cobrando indefectiblemente y que suelen oscilar entre el 0,25% por depósito y un 1,75% por gestión, aunque estos márgenes suelen subir en aplicación de distintos conceptos que encarecen el producto final.

Una actuación muy importante a la hora de contratar un plan de pensiones es que antes de hacerlo compare sus ventajas e inconvenientes (y la rentabilidad obviamente) en relación a otros productos financieros que a largo plazo pueden ser bastante más interesantes y es que en general los planes suelen rentar menos que otros productos de inversión… claro que en este caso deberá tener en cuenta otros factores asociados a la operación como el riesgo, plazo y edad con la que se contrata.

Los que si se mantienen con la nueva regulación son aquellos supuestos que permiten rescatar nuestro plan de pensiones antes del momento de la jubilación tales como el fallecimiento (obviamente), la invalidez laboral, paro de larga duración o desahucio de la vivienda habitual.

Los rescates, teniendo en cuenta lo dicho anteriormente sobre su fiscalidad, podrán llevarse a cabo oscilando entre el 19% del tipo mínimo de gravamen y el 45% del tipo superior. Esto como regla general. En la actualidad se permite el rescate de posiciones aportadas a planes de pensiones que se presenten con una antigüedad mínima de 10 años.

De todo lo anterior se deduce que contratar un plan de pensiones puede ser bueno si se hace respetando unas condiciones específicas que incluyen como ya hemos adelantado tener en cuenta la edad a la que se comienza el plan, los ingresos fijos consolidados, el colchón sobre el que se asienta nuestra economía personal, los intereses que debemos abonar, la entidad con la que contratamos, el tipo y categoría del plan y así un largo etcétera de factores que si no tenemos en cuenta pueden hacer que nuestro plan acabe en un sonoro fiasco.

Por último, debe tener en cuenta también que un plan de pensiones no es en modo alguno una hucha en la que ir depositando nuestros ahorros que recogeremos íntegros algún día (más intereses) ya que los planes de pensiones también pueden perder dinero y dar rentabilidades negativas. Por consiguiente a la hora de analizar futuros planes a contratar tenga en cuenta si el mismo está garantizado o no.

Una recomendación final: si no está satisfecho con su actual plan de jubilación cámbielo tantas veces como desee ya que podrá hacerlo (en principio) sin coste alguno. Y este cambio no sólo puede hacerlo dentro de su banco de un plan a otro, sino que además tiene la libertad de cambiar de entidad si los planes que le ofertan le resultan más atractivos o rentables. No pueden cobrarle por este cambio.

Prestamos Preconcedidos.

Atención a los préstamos preconcedidos. Los préstamos preconcedidos pueden llegar a ser una trampa para el consumidor, especialmente en aquellos casos en que no son necesarios realmente. Y es que la realidad nos demuestra que aunque parezca una contradicción, son muchos los consumidores que acaban contratando este tipo de productos aun a pesar de que no los necesitan. De hecho debemos conocer que los préstamos preconcedidos de forma estandarizada fueron creados con ese propósito: atraer a clientes con demostrada solvencia sobre los que la entidad ofertante no tuviera que asumir riesgos por mínimos que estos fueran. En el propio proceso de concesión se tiene muy en cuenta este factor mencionado.

En general, cuando preguntamos por un préstamo preconcedido, solemos tener en cuenta sólo una de las ventajas que este posee frente a otros productos (y que posiblemente sea lo único bueno del mismo) y es que nos estamos refiriendo a la no necesidad de pasar para su aprobación por el departamento de riesgos de la entidad correspondiente. El caso es que el préstamo está ahí, sin esperas y al momento, sin tener que realizar largas gestiones o lo que es peor dar explicaciones sobre nuestra situación financiera personal.

“Dispone de 12.000 euros de forma inmediata para lo que quiera. Consúltenos” esta frase publicitaria no es sino un cebo para que contrate un producto que probablemente no se adapte a sus necesidades reales y por el que generalmente habrá de pagar más que lo que se paga de media en el mercado.

Pero la razón por la que los bancos insisten tanto en que contratemos este tipo de productos está en el buen negocio que representa para ellos vía intereses en algunos casos desproporcionados y abusivos. Por eso entendemos, que en estos casos, sólo debe contemplarse como una posibilidad en el caso de que esta sea la única que disponemos, por ejemplo, para hacer frente a problema económico puntual y grave. Y es que al final de la operación y una vez hechas las cuentas comprobaremos lo mucho que nos ha costado ese dinero rápido en comparación a si la solicitud se hubiera realizado por los cauces ordinarios. En efecto podemos encontrarnos pagando intereses de dos cifras, el 12, 13 , 14 por ciento frente al 7, el 8 o el 9 por ciento de un préstamo de tipo personal por ejemplo… la diferencia a la hora de amortizar el mismo puede llegar a ser considerable.

Nuestra recomendación: no se fie de las ofertas rápidas y supuestamente baratas. Recuerde que lo barato al final acaba saliendo caro. No preste atención a la cuota a pagar (que normalmente está diseñada para que sea pequeña) sino que ponga el foco, no nos cansaremos de repetirlo, en la TAE. Si no tiene claro este concepto le invitamos a que repase nuestro artículo “Que es la TAE”. En él encontrara información valiosa que le ayudará a la hora de tomar decisiones financieras.

En definitiva los créditos preconcedidos son un producto que debe entender y valorar muy bien antes de contratar, sin olvidar hacer una buena comparativa de las diferentes ofertas de las distintas entidades, ya que entre unas y otras las diferencias pueden ser abismales. De esta forma incluso podremos encontrar (con mucha suerte eso sí) alguno que se adapte realmente a nuestras necesidades, sin que suponga una pesada carga que tendremos como compañera forzosa durante, probablemente, muchos meses o años.

Saldo a Crédito.

Saldo a crédito en la cuenta de ahorro. ¿Un favor o un negocio redondo? Lamentablemente en estos casos la opinión más generalizada es pensar que esta gestión que nuestro banco hace sin que nosotros se lo ordenemos es una especie de favor (algunos piensan que es una deferencia de la entidad hacia sus clientes, otros hablan incluso de una obligación…) que nos hacen en la intención de evitarnos males mayores. Pues bien, en nuestra opinión, nada más lejos de la realidad.

El supuesto es muy sencillo: imaginemos que tenemos contratada una cuenta corriente y en ella hemos domiciliado nuestros recibos, que automáticamente se van pagando al momento de ser presentados al cobro. Hasta ahí todo correcto, pero… ¿y si en la cuenta no tenemos en el momento de hacer frente al recibo el dinero suficiente para pagar, pongamos por caso, uno que nos vienen pasando de forma mensual y periódica? Pensemos en la luz, el agua, letras del coche, etcétera. Pero también algún gasto que hayamos realizado sin calcular bien el remanente de nuestra cuenta. Pues bien en muchos casos nos encontramos que la entidad se hace cargo del mismo y provee el dinero suficiente para que el recibo quede pagado. O lo que es lo mismo, nos pagan el recibo en cuestión aunque la cuenta quede en números rojos.

La pregunta en este caso es ¿Realmente nos están haciendo un favor? La respuesta es muy sencilla: básicamente no. Las entidades de crédito trabajan en base a sus intereses comerciales y no tienen en cuenta los intereses del cliente o consumidor final. En realidad tampoco esperamos que sean hermanitas de la caridad, pero sí que actúen bajo los valores universales de trasparencia y honestidad.

En general estos “saldos de gracia”, como algunos quieren denominar esta práctica tan habitual, no dejan de ser microcréditos de concesión instantánea. Microcréditos que obviamente hay que devolver, faltaría más, con sus correspondientes intereses, eso sí.

Bien y ¿dónde está el problema? Pues el mismo aparece a la hora de valorar el tipo de interés que debemos pagar por ese “favor” que el banco tan gentilmente nos ha hecho. Y es aquí donde realmente debemos poner toda nuestra atención. Imaginemos que tras pagarnos un recibo, pongamos de unos 30 euros, a la tranquilidad que le produce el hecho de que se haya pagado el mismo le sucederá indefectiblemente una gran desazón a la hora de ajustar cuentas con quien tan amablemente se ha hecho cargo de su deuda. Eso sí, su cuenta aparecerá en números rojos (deudora) y usted posteriormente (cuanto antes mejor, créame) deberá hacerse cargo de poner al día su situación, que ahora se resume en tener un saldo negativo.

Vaya tomando nota de lo que sucederá después. En primer lugar deberá abonar los 30 euros que el banco ha adelantado por usted (a veces sin que usted ni lo sepa, ni lo haya pedido, ni le interese que suceda así) además la notificación, la comisión correspondiente y desde luego los intereses. Notificación: 30 euros, comisión mínima: 15 euros, intereses: en torno al 4,50 por ciento… haga usted mismo las cuentas y verá como al final pagará más del doble de lo que originariamente hubiera pagado si hubiera hecho frente a su recibo. Un negocio redondo para la entidad.

En sus manos está por tanto permitir que su cuenta quede deudora y que todo lo anteriormente descrito arriba tenga lugar. Además es importante que sepa que salvo excepciones contadas, siempre será mejor que la entidad no se haga cargo de su recibo y lo devuelva a que se lo pague dejándole la cuenta en números rojos. Es evidente que el recibo puede usted pagarlo una vez devuelto poniéndose en contacto con la compañía emisora, generalmente sin mayor problema y sin penalizaciones (generalmente decimos) y desde luego no colocando su cuenta en el lado deudor.

Cerciórese, infórmese bien del funcionamiento interno de su banco a la hora de afrontar este tipo de descubiertos. Verá como en la gran mayoría de los casos usted sale perdiendo. Como dicen en el casino “la banca gana”.

Nuestra recomendación: no acepte este tipo de productos, salvo necesidad extrema y acuciante. Su capital se lo agradecerá.

Conclusiones.

Visto todo lo anterior debemos concluir que el consumidor medio, el cliente tipo de los bancos y entidades de crédito debe estar preparado para poder asumir su relación contractual con los mismos. Esta es su obligación: velar por la salvaguarda de su capital, que tanto le ha costado conseguir. El sentido de este reportaje no es poner de relieve lo poco que nos quieren los bancos, sino advertirle que usted debe estar preparado para poder realizar operaciones financieras y contratar productos de bolsa.

Y no solo eso, ya que en nuestra opinión, debe conocer la mecánica y las principales formas de actuar de los mismos para que pueda hacerlo de la forma más beneficiosa para usted.

Como es lógico el cliente es el mejor defensor de su dinero y sus inversiones deben hacerse en la intención de mantener y ampliar el capital utilizado. Por eso le recomendamos que escape de productos que no conoce, por muy bien que se los vendan. No contrate nunca nada que no entienda o que no le inspire confianza. No se fie de las personas sino de su propio conocimiento del mercado y las finanzas, pero recuerde que para alcanzar ese conocimiento debe emplear parte de su tiempo en comprender, con el mayor detalle posible las ventajas e inconvenientes de los productos que le ofrecen.

Recuerde también que los asesores financieros titulados e independientes, con sus correspondientes certificaciones oficiales, le ofrecen una garantía que no podrá encontrar en la multitud de vendedores de humo que pululan por el mercado.

No se fie de su instinto, sino de sus conocimientos y si duda, no tenga reparo en consultar con verdaderos expertos que velen por sus intereses y no por intereses ajenos. En definitiva preste atención a lo que hace, estudie, compare productos, haga cuentas, valore ventajas e inconvenientes. Lea siempre la letra pequeña y no acceda a productos que no necesite o que no sean adecuados a su perfil de inversor. No tenga en cuenta opiniones (muchas veces bienintencionadas, pero sin base financiera) que no vengan avaladas por una trayectoria profesional en el mundo de la economía y las finanzas.

Vivimos en una tierra en la que todos parecen saber de todo y en la que hasta el más ignorante de todos se cree con derecho a ofrecer consejos sobre inversiones o bolsa. No acepte recomendaciones de compra sobre productos financieros de cualquiera. Exíjale conocimientos adecuados al caso, de la misma forma que se los exigen a usted cuando pretende desarrollar su tarea profesional cotidiana.

En definitiva usted es el mejor garante de su capital.

Actúe como tal y en caso de que lo intenten, no se deje engañar.

Artículo escrito para TODOS A LA BOLSA

Sumario
Cuidado con los Bancos
Nombre del Articulo
Cuidado con los Bancos
Descripción
Recomendaciones a la hora de trabajar con los Bancos.
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Organización
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Web

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