El crack en la Bolsa

Numerosas han sido a lo largo del último siglo las caídas en bolsa. Grandes fortunas se han perdido y otras se han ganado, pero ¿realmente han sido todas igual de importantes? Vamos a hacer un repaso a través de la historia de las bajadas más drásticas, los llamados crashes, los que han llegado a sumergir en profundas depresiones financieras al mundo entero.

Para empezar, deberíamos explicar el concepto de aquello a lo que le hemos puesto nombre. Un crash o crack no es más que una bajada (desplome, si queremos ser más técnicos) tremendamente pronunciada en un periodo relativamente corto de tiempo, ya sea de minutos, de uno o de varios días. A lo largo de nuestra historia moderna y contemporánea este término ha sido usado, por desgracia, en reiteradas ocasiones. Por primera vez escuchado en 1873 tras una serie de caídas en Austria, se adoptó como estándar para denominar el problema. Sin embargo, ¿cuál es el fenómeno que propicia este movimiento alocado del mercado? Muchos dirían que es una mezcla de varias razones, pero es cierto que podemos extraer algo básico de todas ellas: el pánico que mueve al inversor/accionista. La necesidad común por parte del mercado de ponerse corto frente a una previsión o, directamente, un hecho coetáneo anormal, genera un movimiento aunado de venta que, a su vez, hace entrar en pánico a aquellos que mantienen su posición, cambiando rápidamente a una venta masificada y haciendo caer el valor (o los valores) de forma brutal. Al final, tenemos en un periodo mínimo de tiempo, un desplome que desestabiliza completamente los mercados… y es que, recordemos, que si cae uno, con una probabilidad muy alta, caen los demás. Es cierto que con el crack suelen venir las primeras gotas que anticipan el diluvio, en este caso la temida recesión.

Después de tener claro el concepto, vayamos con las principales (y más conocidas) grandes caídas de la Bolsa y los mercados. ¿Cuáles han sido y qué magnitud han tenido?

Crack del 29

Probablemente el más famoso en occidente. Los Estados Unidos de Norteamérica vivieron en tan sólo 3 días de apertura y cierre de mercados el mayor desplome de las bolsas en su historia. A lo largo del 24, 28 y 29 de octubre de 1929, días que conocemos como jueves negro, lunes negro y martes negro tuvo lugar la debacle. El infierno se hizo visible en los principales índices, acompañado de algunos suicidios por parte de los operadores y accionistas que vieron como sus valores eran borrados del mapa. Todo fue propiciado por el escenario generado tras la Gran Guerra y una burbuja especulativa que terminó estallando, marcando los compases de la década, posteriormente conocida como la Gran Depresión.

Crisis del petróleo (1973)

Final de la guerra de Yom Kipur. La Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo deciden cortar el suministro a todos aquellos países que apoyaron a Israel (contra Egipto y Siria) en el conflicto armado, reventando instantáneamente el índice de precios del petróleo y generando una inflación enorme. Teniendo en cuenta que ya nos situábamos en un mundo dependiente del petróleo, con toda una base de transportes, industria y derivados asentada en torno a este combustible fósil, los países árabes hicieron muchísimo daño a Europa y EEUU. A partir de entonces, el racionamiento de existencias, así como el control de precios se hicieron efectivos, con sus debidas consecuencias en los mercados financieros a nivel global. Desde entonces, los países afectados desarrollaron y pusieron en marcha medidas para intentar frenar su dependencia de suministro de estos países árabes.

Lunes Negro (19 de octubre de 1987)

Hong Kong se despertó con una súbita bajada en sus mercados. Tal fue el impacto que hubo, que la cotización cayó ese día casi un 46%, ganándose el título del peor crash en un día. Por supuesto, poco tardaron sus vecinos mundiales en ver resentidos sus propios mercados, produciéndose caídas globales de 26% en UK, 22% en EEUU, un dramático 42% en Australia e incluso en nuestro país, con nada más y nada menos que un 31% de caída libre. Las causas, según las fuentes que operaban en aquel momento aunque sin un consenso general, ofrecieron como principales motivos, un compendio de noticias (muchas de ellas bulos) y una sobrevaloración de los activos. Días antes los gráficos dieron avisos significativos con sendas caídas que ya parecían vaticinar la inestabilidad bursátil del momento, culminando el 19 de octubre con dos principales eventos: el Departamento de Comercio notificó unas cifras de déficit comercial escandalosamente altas y, por otra parte, el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de los Estados Unidos anunció un proyecto de ley con medidas fiscales importantes, lo que unido a todo lo demás, desencadenó la debacle. Otros, sin más, lo achacan a la profecía autocumplida bajo la cual pensaron que iba a suceder esto, y, por supuesto, sucedió.

Burbuja japonesa en los ’90

En los años 80, Japón sufrió los efectos de una burbuja inmobiliaria sin precedentes en su país, que terminó estallando una década y media después. A lo largo de muchos años, Japón gozó de una boyante situación financiera con un superávit en la balanza comercial, hecho que se extendió al mercado inmobiliario y, por ende, se retroalimentó poniendo al alza el mercado de valores. Eso generó la mencionada burbuja, inflando precios y ventas en exceso. Pero como toda burbuja, explotó, y esto hizo que el índice Nikkei, que había triplicado su valor en menos de 10 años, situándose en los 38.000 puntos, bajara, en apenas 3 años, a menos de la mitad, 15.000. Esto puso sobre la mesa la grave situación inflacionaria existente, lo que unido a la bajísima rentabilidad de sus empresas, en comparación con su cotización, hizo el resto.

La Burbuja de las “puntocom” (marzo 2000)

A mediados de los años noventa, las empresas tecnológicas asentaron su auge empresarial, brillando en el mercado financiero y creando una burbuja en torno a todas aquellas que tenían en su haber portales webs famosos. En 2001, tras el cambio de milenio y todas las teorías conspirativas del fin del mundo tecnológico, las esperanzas de los alcistas se vieron truncadas al bajar sus acciones, barriendo el mercado y con ellas cientos de empresas, en especial del Nasdaq. Por supuesto, aquellas empresas que eran financieramente más sólidas, a pesar de no recibir de lleno el impacto, sí que se vieron afectadas, como la imponente Cisco. Aquí en España el caso más sonado fue Terra, arrastrando a cientos de miles de inversores españoles a la bancarrota. Desde entonces, las empresas tecnológicas tardaron en recuperarse y en volver a generar un sentimiento de tranquilidad dentro de los mercados. Sin embargo los inversores (especialmente los minoristas) nunca olvidarán aquellos momentos de profundo pánico digital.

Crash del mercado de valores americano (agosto 2008)

Como un buen plato, en EEUU se fue cociendo poco a poco un escenario terrible a través de una serie de agentes financieros que terminó reventando en agosto de 2008. Nos situamos medio año antes: EEUU goza de una buena posición en sus mercados de valores, todo el mundo estaba contento y los bancos concedían sin ningún reparo hipotecas a un alto tipo de interés con una particularidad, y es que la solvencia del hipotecado quedaba en un segundo o tercer plano a la hora de valorar su riesgo y posterior concesión. El mercado inmobiliario crecía y crecía y por ello no se respetaron las normas en torno a la solvencia general: al final todos ganaban. Posteriormente las acabaron llamando “hipotecas basura o hipotecas subprime”. La realidad vino a poner los pies en el suelo a muchas compañías y es que, como todo negocio que a primera instancia es rentable pero se asienta sobre cimientos de barro y polvo, terminó cayendo por su propio peso. En agosto llegó la gran caída, suponiendo unos retrocesos abismales en EEUU, los cuales generaron pánico entre los inversores y especuladores, poniéndose de manifiesto, finalmente, los gravísimos errores de ciertas entidades financieras, que terminaron con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de ese mismo año, empresa (que al igual que otras tantas) había actuado aceptando una serie de riesgos excesivos en la concesión de hipotecas basura.

Crisis financiera mundial (2008 en adelante)

Como un efecto no deseado de la globalización, el hecho de que los bancos estuviesen interconectados a través de sus préstamos interbancarios e igualmente con las empresas, generó que a partir del estallido de la burbuja financiera en EEUU, como si de unas piezas de dominó se tratase, las principales entidades bancarias del mundo fueron cayendo una tras otra. El resultado, por tanto, se extendió como la peste por todo el mundo, golpeando gravemente nuestro viejo continente. Por ende, los distintos mercados europeos, unidos a sus propias burbujas y problemas estructurales, terminaron produciendo una recesión poco menos que salvaje que tuvo consecuencias nefastas en la economía durante por lo menos los siguientes diez años. Millones de trabajos perdidos, fortunas volatilizadas, quiebras de compañías grandes y pequeñas y así un largo etcétera de desalentadoras noticias poblaron los periódicos día tras día en los hogares europeos, con especial atención en España, Grecia e Italia, cuyo golpe fue mayor. Los países de la Unión Europea (básicamente desde el Banco Central Europeo) elaboraron planes de rescate en última instancia, para paliar los efectos de la crisis, trabajando bajadas de tipos para mantener estable la moneda e inyectar de una forma masiva, en el propio flujo del mercado, la liquidez necesaria. Además, frente al desequilibrio vivido por el dólar, el oro volvió a consolidarse como valor refugio una vez más, hecho que en los inicios de la siguiente crisis (covid-19) no se produjo en los términos habituales, llegando a romperse la correlación inversa que “desde siempre” había acompañado al preciado metal.

Crisis del Covid-19

Salta la alerta por infección vírica en China a finales del 2019. La enfermedad se extiende rápidamente llegando a Europa, sembrando el caos y obligando a muchos países a confinar a los ciudadanos en sus hogares. Los principales índices mundiales se resienten con fuerza inusitada, caídas enormes que parecen no tocar suelo, siendo el Ibex 35 uno de los más damnificados. Uno tras otro, todos los valores caen, incluidas las materias primas o el mercado de divisas. Los valores refugio, en primera instancia, desaparecen. Mención aparte merece la increíble caída del petróleo hasta tasas negativas… ¡Nunca habíamos visto algo parecido! Eso sin mencionar las caídas de los bonos soberanos, el oro o gran parte de la renta fija, por solo hacer algunas menciones. En definitiva una crisis que nos retrotrae a tiempos pasados y cuya solución solo parece probable con el paso del tiempo. Mucho tiempo.

Finalmente, apuntar que podemos encontrar en la mayoría de estos grandes crashes, un elemento común. Si bien debemos decir que no es obviamente el único. Y es que estamos hablando de las burbujas económicas creadas artificialmente.

Forzar estas subidas artificiales en los activos durante un prolongado periodo de tiempo, sin tener en cuenta su valor real o el precio objetivo de los mismos, lo único que conlleva a largo plazo es romper, en mayor o menor medida, el mercado. Por desgracia, el tiempo que trascurre entre una gran caída y la siguiente cada vez es más corto, promoviendo ciclos de recuperación más efímeros y poco predecibles. A la vista está que la alteración de los mercados por agentes externos y no por su propio devenir  suele terminar, casi siempre, en catástrofe.

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El crack en la Bolsa.
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El crack en la Bolsa.
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Los cracks bursátiles más importantes.
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