Invertir en Arte

¿Es algo propio de unos pocos o está a disposición del común de los mortales? ¿Es necesario ser inmensamente rico para poder invertir en arte o por poco dinero se puede invertir igualmente?

Cuando hablamos de invertir en arte la pregunta que nos surge es… ¿Invertir en qué?

A esta pregunta casi todo el mundo contestará que en pintura, olvidando la escultura, las joyas, las antigüedades, e infinidad de objetos relacionados con el arte. Las inversiones en arte nunca pasan de moda, siempre está en auge.

Una advertencia a tener en cuenta es que antes de comprar, hay que conocer los graves riesgos en los que se puede caer si no tenemos idea de cómo invertir en arte pues al igual que en el resto de las inversiones, éstas pueden acabar siendo buenas o malas. O multiplicamos nuestro dinero o relegamos nuestra preciosa pintura al cuarto trastero, lo cual puede resultar todo un fiasco.

La cuestión es saber qué comprar, en qué momento hacerlo, y sobre todo en qué vamos a invertir. Si queremos trabajar con obras de autores o artistas conocidos, sabemos que probablemente tendremos que desembolsar una gran cantidad de dinero ya que las mismas suelen estar muy bien cotizadas. Sin embargo, también podemos adquirir obras de autores noveles, poco conocidos o con una pequeña trayectoria y que apunten maneras, en la esperanza de que en el futuro su obra pueda revalorizarse mucho más. En realidad, debemos sustituir el término “esperanza” por un estudio serio y cualificado sobre la obra en cuestión. Aunque como es obvio, pronosticar en este mercado es muy arriesgado y no siempre se obtiene el resultado deseado.

Lo primero que debemos tener claro es si queremos realizar una inversión a medio plazo, entre cinco y diez años o preferimos, aun a costa de soportar un mayor riesgo, ampliarla a plazos más largos, 20 o más años. Esto dependerá de diversos factores, todos ellos relacionados con el tipo de inversor que seamos.

La inversión también puede ser especulativa a corto o muy corto plazo, es el caso de aquellos especuladores que compran obras de arte de autores que ya están al final de sus días, esperando su fallecimiento y la revalorización rápida que a tal lamentable suceso suele acompañar. Crudo pero real.

Invertir en arte no siempre es sinónimo de ganar dinero rápido, más bien al contrario, ya que pueden pasar muchos años hasta que dicha obra se cotice al alza, convirtiéndose por tanto en una inversión a muy largo plazo, probablemente no deseada.

Pongamos un ejemplo, si hubiéramos comprado en los años 60 “Latas de sopa Campbell” de Andy Warhol, pasado el tiempo lo hubiéramos podido vender por una millonada. Imagínese la rentabilidad que le hubiéramos sacado.

Caso interesante la siguiente historia de una familia de New York, que compró un tazón chino por 3 dólares hace 6 años y que durante todo este tiempo ha servido de adorno en su salón. El asunto es que un buen día lo llevaron a un entendido para que lo tasara y cuál fue su sorpresa al comprobar que el cuenco es un destacado y excepcional ejemplo de la cerámica de la dinastía Song. Lo curioso de este asunto es que terminó en la subasta de cerámicas y obras de arte chinas de Sotheby’s vendiéndose por la escalofriante cifra de 2,25 millones de dólares. Un negocio que bien podría ser un auténtico pelotazo. En esta ocasión estamos ante una inversión en arte no buscada, con final feliz.

Antes de adentrarnos en el turbulento mundo de este tipo de inversiones, tendremos que tener unos conocimientos profundos del mercado en el que queremos introducirnos, pintura, escultura, etc.

Conocer el funcionamiento de ese mercado concreto es imprescindible, así como también quienes participan en él y los distintos personajes que lo pueblan, incluyendo como es obvio a los propios artistas. Un mundo al alcance de todos, pero reservado solamente a unos pocos, a los que como ya he adelantado conocen ese mercado. Habrá que ir a exposiciones, galerías, museos, ferias e interesarse por las revistas y publicaciones relacionadas con el tema, y propias del sector. Y si además de esto, nos gusta el arte y la inversión, estupendo, porque lo vamos a disfrutar más si cabe.

Las obras se pueden comprar en las subastas, directamente a los artistas o en las galerías. Generalmente en estas últimas nos atienden los galeristas, y/o los propios autores de las obras.

Cuando no es directamente con los artistas, son los representantes o los marchantes, los que realizan la intermediación entre los galeristas y los autores, y entre estos y los posibles compradores. Los marchantes apoyan y promueven la obra, obteniendo como es lógico parte de su beneficio cuando esta llega a venderse.

Hay que tener especial cuidado con las falsificaciones, que no nos la cuelen, por eso lo mejor es acudir a un experto en la materia, o a las casas de subastas reconocidas para que nos asesoren adecuadamente. En algunos casos lo hacen de forma gratuita.

Las más importantes son Sotheby’s y Christie’s, responsables del crecimiento de este negocio, aunque hay otras menores que pueden adaptarse a nuestros gustos y necesidades. En esta ocasión, y para no hacer el artículo demasiado extenso, os hablaré de la archiconocida casa de subastas Christie’s, fundada en 1766 en Londres y que actualmente tiene sedes repartidas en las principales capitales del mundo, dedicándose principalmente a subastar objetos personales de artistas y personalidades, así como también obras consideradas patrimonio cultural de la humanidad. Enseguida supo crearse una gran reputación.

Y es que las subastas, han sido desde tiempos inmemoriales lugar de encuentro para vendedores y compradores donde se puja para intentar adquirir la obra subastada en cuestión. Cualquiera puede asistir a estas subastas ya que están abiertas al público sin tener obligación de pujar, aunque esta norma no siempre es así, existiendo subastas en donde la participación debe venir precedida por una inscripción previa y un depósito inicial, tratándose en la mayoría de los casos de subastas privadas.

En todos los casos, se hace necesario el certificado de autenticidad, como instrumento que nos permitirá conocer en todo momento la veracidad y el origen de la pintura, escultura….  en cuestión, así sabremos realmente de donde procede la obra en la que queremos invertir evitando sorpresas desagradables.

La importancia que tienen dichos certificados es crucial. Los mismos fueron diseñados por los propios autores para avalar la originalidad de sus trabajos, garantizando que lo que compramos es auténtico. Y es que el tema de las falsificaciones es un elemento a tener muy en cuenta, ya que está a la orden del día.

A propósito de este asunto, podemos contar que la historia del arte está plagada de grandes  falsificadores. Uno de ellos por traer solo un ejemplo, podría ser el caso de  Elmyr de Hory, artista húngaro, que usó infinidad de nombres falsos a lo largo de su “carrera” para no dejar rastro. Entre sus “logros” destaca el haber conseguido que muchos de sus cuadros pintados por él, pero firmados por grandes maestros como Picasso, Degas, etc.… cuelguen de las paredes de los museos más importantes del mundo. Como nota curiosa, diremos que tamaño falsificador acabó sus días en la preciosa isla de Ibiza.

Un detalle significativo a tener siempre en cuenta es que no sea una pieza robada, pues si acaba en nuestras manos nos encontraremos con un problema importante.

Finalmente hay que advertir sobre el riego que conlleva la inversión en arte. No sólo por las falsificaciones que ya hemos comentado líneas más arriba, sino también porque la obra sobre la que hemos puesto todas nuestras expectativas pueda llegar a convertirse en una inversión fallida.

En cualquiera de los casos y si nos sirve de consuelo, (que no), habremos perdido nuestro dinero, pero siempre podremos colocar una nueva escultura o pintura en el salón de nuestra casa.

Artículo escrito para TODOS A LA BOLSA

La pintura de la cabecera reproduce el atelier de Liliana Hernandez Fuster. La obra se titula “Marina”.

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