Jueves Negro

El pasado 16 de octubre, recordábamos una de las más famosas caídas de la bolsa moderna, el denominado “Lunes Negro” que tuvo lugar el 19 de octubre de 1.987, cuando el famoso índice norteamericano Dow Jones perdía un 22,6 por ciento de su cotización en un solo y nefasto día. Fueron 508 puntos de caída libre que aterrorizaron durante toda la sesión (y las siguientes) a los operadores de todo el mundo.

Pero no fue solo este índice el que cayó abruptamente, ya que todos los mercados internacionales se vinieron abajo con una fuerza inusitada, como aquellas fichas de dominó que van cayendo una tras otra, siguiendo el huso horario y produciendo una nueva catástrofe en las bolsas. En aquella ocasión la caída comenzó en Hong Kong y se propagó con una rapidez inusitada.

En esta nueva entrega, hablaremos también de otra gran caída bursátil, probablemente la más conocida de todas y que ha quedado indefectiblemente grabada en el recuerdo colectivo de las tragedias bolsistas. Hoy recordamos, por tanto, el que fue un día terrible para las Bolsas, el 24 de octubre de 1.929, el famoso Jueves Negro que dio comienzo a lo que luego conoceríamos como el “Crack del 29”.

En realidad, todo se gestó con anterioridad a esa fecha y los indicios de que algo terrible estaba ocurriendo se venían sucediendo a lo largo de varios meses, aunque en general muchos de los interesados volvieron sus cabezas hacia otro lado. Algunos no quisieron verlo y la mayoría no alcanzó a tener conocimiento de lo que realmente estaba pasando hasta que los hechos estaban siendo consumados. Como quiera que fuese, las ventas llevadas al límite, la situación interna de los Estados Unidos y una serie de coincidencias (¿coincidencias?) económicas posibilitaron aquella catástrofe nacional que traspasó fronteras extendiéndose como la pólvora.

Como se ha escrito mucho sobre la cronología de los hechos, no quiero cansarles con la misma, que además posiblemente conocerán bien. En esta ocasión pongo el foco en una anécdota que se dice ocurrió unos días antes y que explica muy bien cuál era el descontrol reinante.

Es algo entre cómico y costumbrista, que no estaría exento de cierta gracia si no fuera por las consecuencias que el fenómeno originado a posteriori, y del que ahora nos ocupamos, marcó la vida de millones de personas.

El protagonista de la misma es Joe Kennedy, si hacemos caso de lo que ya es leyenda en el mundo de la Bolsa. El caso es que una mañana el mencionado fundador de la dinastía decidió parar a limpiarse los zapatos en el puesto que Patrick Bologna tenía en Wall Street. Era aquel un conocido limpiabotas que además de manejarse estupendamente en su oficio tenía cierta fama de predecir los movimientos del mercado y ser conocedor de todos los rumores que ocurrían en Wall Street. Y es que cualquiera que se preciase de ser alguien en la ciudad de la estatua de la libertad, pasaba indefectiblemente por su pequeño puesto para lustrar sus acomodados zapatos y de paso escuchar alguna recomendación de bolsa. Tal fue el caso, en esta ocasión del patriarca de una de las sagas más famosa de los Estados Unidos.

Una vez acomodado, comenzaron a charlar desenfadadamente sobre los mercados, ya que como les he adelantado, el famoso limpiabotas era aficionado a las predicciones bursátiles y como por su puesto pasaban muchos ejecutivos tenía fama de “acertar”.

Aquella mañana fría de octubre, Bologna, mientras repasaba las hojas del Wall Street Journal  recomendó a su cliente que “comprara petróleo y ferrocarriles, ya que estos se iban a disparar subiendo hasta el cielo”. En esto siguió el famoso limpiabotas ofreciendo datos y realizando su propio análisis de la situación financiera. Y es que nuestro limpiabotas era un consumado artista de la palabra y el verbo.

Finalizado el trabajo, y con sus botas relucientes, Joe Kennedy pagó su cuarto de dólar correspondiente y se encaminó preocupado hasta su despacho. En realidad no podía dar crédito a lo que le acababa de ocurrir… ¡el limpiabotas se dedicaba a darle recomendaciones de bolsa!

Cuentan los que comentan esta anécdota (¿será verdad?) que esa misma noche J.K. le comentó lo ocurrido a su mujer en la intimidad de la alcoba de su lujosa mansión y que esta le dijo “vende todo”. Aunque algunos escritores que recogen la anécdota, ponen esta idea en la propia mente de Joe Kennedy. Como quiera que fuese, idea de él mismo o de su amada esposa, a partir de la mañana siguiente comenzó a vender todos y cada uno de sus activos, en un intento desesperado de salvarse de la quema que ocurriría poco más tarde y que sólo algunos supieron predecir. Y en esto acertó de pleno, logrando salvaguardar gran parte de su capital de la debacle que ineludiblemente tendría lugar después.

Leyenda o no, la verdad es que nuestro protagonista conservó toda su fortuna prácticamente intacta a lo largo de toda la fase bajista, y no sólo la conservó sino que incluso, según alguno de sus biógrafos, la incrementó, al hacer lo mismo con sus posiciones bajistas. Capeó la Gran Depresión.

Según dicen tomó esta estrategia anticipada de venta al comprobar que cualquiera podía recomendar sobre Bolsa, lo que le asustó sobremanera. Debemos tener en cuenta la situación de aquella época en donde las grandes decisiones sobre bolsa estaban reservadas a unos pocos y aunque esta se había popularizado enormemente (todo el mundo compraba y vendía acciones) sólo unos pocos estaban realmente preparados para hacerlo.

Pero esta no es la única anécdota al respecto ya que los afectados se contaron por millones. Recuerdo ahora otra anécdota más (en esta ocasión con un resultado final bien distinto) que conocí al principio de mi trabajo como operador de bolsa y cuyo protagonista era ni más ni menos que el genial humorista y actor Groucho Marx. La anécdota, ampliamente recogida en multitud de publicaciones a lo largo de los años,  relata que subiendo un día el interfecto en el ascensor del hotel Copley Plaza, donde se alojaba Groucho con alguno de sus hermanos, en Boston, al ser reconocido por el ascensorista (un botones con una mente privilegiada para la bolsa decían algunos, aunque yo me decanto por pensar que su cualidad más importante cara al mundo bursátil era su fino y portentoso oído) y conociendo su afición por la compra y venta de acciones y valores, le recomendó comprara a la mayor brevedad, acciones de la compañía United Corporation “Ponga allí todo su dinero señor Marx, acabo de oír una conversación de dos peces gordos y van a hacer subir la acción como la espuma”.

El asunto es que el conocido cómico, fue presa de una especie de fiebre compradora, en la que embarcó además a su hermano Harpo, comprando acciones de la mencionada compañía por valor de 165.000 dólares de la época…

Preso de esa fiebre compradora tan poco fundamentada, como decíamos, continuó invirtiendo en acciones de diversas compañías y comprometiendo también en esas compras a sus familiares y amigos. Y así llego el día fatídico. Era el 24 de octubre del 29.

El resto es ya historia. En palabras del propio Groucho llegó a perder más de 240.000 dólares, lo que imagino le dejó temblando, además de no hacerle ninguna gracia, pese a la gran vis cómica desmedida que él y sus hermanos  tenían.

Otros perdieron millones. Algunos llegaron incluso al suicidio. Las pérdidas en todos los sectores sociales se convirtieron en un clamor. Aunque al respecto se ha ido creando toda una leyenda negra, la realidad es que las consecuencias sociales del crack fueron devastadoras para el pueblo norteamericano y su economía. La producción industrial de los USA, tan solo tres años después, descendió a cotas inimaginables anteriormente, hoy en día se calcula que un 50 por ciento es la cifra más aproximada. El sistema bancario americano, uno de los más potentes hasta el momento, cayó como la fruta madura cuando no se ha recogido a tiempo.

Quebraron más de 10.000 bancos de todos los tamaños y sobre todo el desempleo ascendió a cotas escandalosas en una progresión fatídica hasta entonces desconocida. En 1.929 había 4 millones de parados en los Estados Unidos de América. Tan solo un año después… ¡eran 13 millones los desempleados en el país! En definitiva fue una terrible convulsión económica, con resultados fatales también en el orden político y social.

Finalmente y para acabar estas líneas, volveremos a nuestro primer acompañante en este artículo, el no menos famoso (aunque nada cómico) Joe Kennedy, protagonista privilegiado de los sucesos que acaecieron durante aquellos tristes días y al que se le atribuye la frase que ahora nos ocupa:

“When beggars and shoeshine boys, barbers, and beauticians can tell you how to get rich, it is time to remind yourself that there is no more dangerous illusion than the belief that one can get something for nothing”

Que yo me atrevo a simplificar, sin hacer una traducción literal:

“Cuando hasta el limpiabotas habla de bolsa, es tiempo de vender”

Décadas después, me pregunto: ¿Habremos aprendido algo de todo lo ocurrido?

La pregunta queda en el aire. Sírvase usted mismo.

Artículo escrito para TODOS A LA BOLSA

Sumario
El Jueves Negro
Nombre del Articulo
El Jueves Negro
Descripción
El Crack de 1.929.
Autor
Organización
Todos a la Bolsa
Web

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