Que son los CFDs

Los contratos por diferencias, que conocemos popularmente como CFDs, reciben su nombre del término anglosajón Contracts for Difference y en los últimos años han alcanzado un gran auge entre los inversores de habla hispana, entre los que se presenta como un instrumento de inversión más. En este artículo le introduciremos en este producto financiero, en la intención de que si se decide a utilizarlo lo haga desde la información y el conocimiento del mismo. Le advertimos desde estas primeras líneas que es un producto complejo y que no todos lo inversores minoristas están preparados para trabajar con ellos. Compruebe en este documento, si su perfil de inversión coincide con el grupo al que este instrumento está dirigido y valore las ventajas e inconvenientes que el mismo le ofrece.

Historia de los CFDs.

Su historia comienza en la década de los cincuenta, al igual que la de otros productos financieros, en el Reino Unido, en donde un grupo de Fondos de Inversión (básicamente fondos de gestión alternativa, Hedge Funds consolidados) se pusieron de acuerdo para usarlos como método primario de acceso a operaciones que requerían de mucho apalancamiento. Realmente se trataba de un gran experimento de ingeniería financiera que el tiempo ha ido arraigando, sobre todo a partir de su puesta a disposición para el mercado minorista.

En otras palabras, en su origen no estaba diseñado específicamente para el pequeño inversor privado, al que finalmente acabó alcanzando, primero en UK (en donde están muy difundidos y su uso es realmente popular) para acabar extendiéndose por todo el mundo. En Europa llegaron más tarde y en España no es sino hasta mediados del 2000 cuando hace su aparición de forma oficial, concretamente en el 2007.

En realidad el tema del nacimiento y creación de los CFDs no es del todo pacífico, puesto que al respecto hay varias opiniones distintas, siendo, en cualquiera de los casos, la más aceptada aquella que mantiene la teoría de que los mismos tal como hoy día los conocemos parecen ser obra de Brian Keelan y Jon Wood que a principios de los noventa, trabajando para la corporación UBS Warburg, los diseñaron con la estructura que hoy conocemos. En cuanto a la comercialización de los mismos no fue sino hasta mediados de esa década cuando la misma tuvo lugar oficialmente.

Definición de los CFDs.

Siguiendo a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (España) “son contratos en los que un inversor y una entidad financiera acuerdan intercambiarse la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta de un determinado activo subyacente”.

Para nosotros, un contrato por diferencias (CFD) es básicamente un instrumento financiero, que tiene como característica principal el hecho de no necesitar poseer el activo subyacente al contado del que deriva y en el que se refleja. Otras características importantes son su vencimiento abierto y la cotización en mercados no regulados (OTC). Para su operativa requiere un depósito inicial variable como garantía. Además hay que tener en cuenta que este tipo de productos financieros debe ser considerado como complejo. Veamos estas definiciones con algún detalle más.

Como hemos adelantado, se trata de un derivado financiero o instrumento derivado, en el que la cotización de su precio deriva (de ahí recibe su nombre) de otro activo, denominado activo subyacente, del que es reflejo (en mayor o menor medida) al reproducir sus movimientos en el mercado. En estos movimientos basa su valor. En otras palabras la evolución del activo subyacente del que deriva marcará la propia evolución del derivado, en este caso que nos ocupa, el CFD.

No se preocupe si estas definiciones le parecen un poco complicadas, según vaya avanzando en la lectura de este artículo comprobará como todas las piezas van encajando y al final del mismo tiene una idea clara acerca de estos productos financieros y su funcionamiento. Tenga paciencia.

Veamos un primer ejemplo de aproximación: Imaginemos que compramos un CFD sobre acciones de la cotizada Telefónica; pues bien, la cotización del CFD en cuestión dependerá de lo que las acciones de Telefónica hagan en el mercado. Si estas suben, el CFD subirá y si por el contrario la compañía cotiza a la baja, el CFD sobre ella hará lo mismo. En este caso el activo subyacente no es otro que la acción de la compañía Telefónica. Llegados a este punto usted habrá supuesto acertadamente que se puede operar con casi cualquier CFD sobre acciones o valores del mercado, Santander, BBVA, Repsol, Iberdrola, Inditex… y así un largo etcétera, y sólo nos estamos refiriendo a los CFDs sobre acciones.

Pero los activos subyacentes, además de las mencionadas acciones o valores, pueden ser de distintos tipos y un mismo origen (el mercado al contado), de tal forma que podremos trabajar contratos por diferencias basados en índices bursátiles (sobre el Ibex 35 por ejemplo) basados en divisas, (Forex sobre el par eurodólar por ejemplo) basados en materias primas (como el oro, la plata, el paladio…) basados en la renta fija (como operando con CFDs sobre bonos del estado, por ejemplo) y también CFDs algo más exóticos como los basados en los tipos de interés, o los tipos interbancarios como el Libor o el Euribor.

Lo importante es que en todos estos casos, el funcionamiento de los distintos CFDs es básicamente idéntico, así como sus características principales sobre vencimientos, garantías, apalancamiento… veremos estas características en detalle en el siguiente epígrafe. Lo importante, en todo caso y llegados a este punto es tener en cuenta que nos enfrentamos a un producto complejo, de riesgo alto o muy alto, tremendamente popularizado y que funciona en mercados OTC.

Mercado OTC.

¿Mercados OTC? En realidad este tipo de mercado es conocido también como mercado extrabursátil, mercado paralelo no organizado o también mercado de contratos a medida. Las siglas OTC derivan de la expresión anglosajona “Over The Counter” o como lo conocemos los hispanohablantes, mercado “sobre el mostrador”.

Las diferencias con el mercado non OTC, o los mercados que conocemos como normalizados (por su regulación), son importantes y de gran trascendencia para el inversor o especulador que quiere participar en ellos. La principal diferencia estriba en su no estandarización, tanto del propio mercado como de los contratos que lo componen. En este sentido en un mercado OTC no se negocia a través de una plataforma bursátil centralizada estándar, sino mediante el uso de una serie de redes electrónicas informatizadas que permiten negociar los distintos contratos financieros.

Es por tanto muy importante, tener en cuenta la diferencia de este mercado con el resto de los mercados que denominamos normalizados. Y esa importancia deriva no sólo de lo dicho ya anteriormente, sino de la asunción de mayores riesgos a la hora de operar en los mercados OTC, derivados de la inexistencia de una contraparte que asuma, a modo de garantía, el propio funcionamiento del mercado, cosa que en los mercados regulados se lleva a cabo desde lo que denominamos Cámara de Compensación, inexistente como digo en los mercados OTC.

Riesgo mayor, por consiguiente, en este tipo de mercados que por otra parte negocian con multitud de activos de todo tipo, entre brókeres, grandes bancos, corporaciones financieras, instituciones varias y grandes clientes corporativos.

Ahora bien, la falta de regulación estándar de estos mercados no significa en modo alguno que carezcan de toda regulación. Al contrario, esta regulación existe, aun a pesar de no aparecer como estandarizada y ser, generalmente, de tipo bilateral. Por otra parte es importante resaltar que sí existen una serie de marcos generales de negociación sobre derivados OTC, que suelen ser recogidos (esto es lo ideal) por los contratos que sustentan ese mercado y que aparecen codificados en las normas de la International Swaps and Derivatives Associaton (ISDA) o, en el caso de España, el contrato CMOF (Contrato Marco de Operaciones Financieras) por poner un ejemplo cercano.

Pues bien los CFDs como ya avanzábamos algunos párrafos más arriba funcionan dentro de este tipo de mercados.

Características de los CFDs.

Los CFDs son un producto financiero complejo de riesgo alto en el que no es necesario en modo alguno poseer el activo subyacente del que derivan, ya que, no lo olvidemos, estamos tratando con instrumentos financieros derivados. Además y como ya hemos comentado, son productos no estandarizados que cotizan fuera de los mercados regulados y con riesgo de contrapartida (contraparte).

Pero si hay una característica que define realmente a este tipo de productos, característica que es bien conocida por nuestros lectores, es la posibilidad de un apalancamiento alto en la negociación de los mismos. Y es esta característica (obviamente junto con algunas más) las que han hecho en las últimas décadas tan populares estos instrumentos de especulación. Y es que por poco dinero, muchas veces por un simple dólar, podemos acceder a dicho mercado y negociar con una mayor exposición monetaria que la que conseguiríamos si lo hiciésemos desde el contado. De esta forma apalancamientos desde 1:50 hasta 1:800 o más, permiten al inversor minorista, dicho de una forma chusca, “probar suerte” con los CFDs. Imaginemos que por 1.000 dólares o euros podríamos conseguir una exposición al mercado por valor de 10.000. Es decir el apalancamiento nos permite abrir una posición (de compra o de venta, por supuesto) sobre un determinado activo sin tener la obligación de desembolsar la totalidad del coste de la operación, sino sólo un porcentaje de la misma y que suele variar dependiendo del bróker con el que trabajemos.

Ahora bien dicho lo anterior no debemos olvidar que las operaciones en la bolsa no salen gratis y que los CFDs al igual que tienen ventajas también poseen inconvenientes, siendo el principal de ellos la posibilidad real, de la que advertimos continuamente en nuestro Magazine, de poder llegar a perder más capital que el propio desembolsado al inicio de la operación.

En el mismo orden de cosas, algunos CFDs pueden presentar lo que se denomina técnicamente riesgo de liquidez. Este riesgo consiste, en su acepción más generalizada en la posibilidad (real) de que a la hora de cerrar un contrato por diferencias no podamos hacerlo por no existir contraparte que quiera comprar o vender el activo en cuestión. Si esto ocurre, el CFD puede llegar a convertirse en un quebradero de cabeza del que no podamos desentendernos.

También podemos hablar de riesgo de liquidez en otro sentido. Este aparece cuando el proveedor de los CFDs (el bróker por ejemplo) cierra nuestra posición, con o sin nuestro consentimiento, al carecer la misma de margen suficiente para operar, debido en muchos casos, a una alta volatilidad que nos deja en descubierto. Obviamente, este margen, que es recalculado a diario, puede ser cubierto añadiendo más capital y reservas a nuestra cuenta… de ahí la necesidad de vigilar constantemente nuestra posición a la hora de operar con este tipo de productos financieros, en especial si estamos altamente apalancados.

Otra característica, en este caso definitoria, del contrato por diferencias es la posibilidad de obtener beneficios (pero también de generar pérdidas) tanto en mercados alcistas como bajistas. De esta forma los CFDs se comportan como otros productos derivados, los futuros financieros por ejemplo, a los que hemos dedicado distintos artículos en Todos a la Bolsa. Al respecto usted puede consultar la Sección “Futuros” del Magazine, en donde encontrará una amplia información sobre los mismos. Pero volviendo a los CFDs que ahora nos ocupan, estos pueden ser usados, como adelantábamos, tanto en posiciones alcistas (compra) como bajistas (venta) a gusto del consumidor.

Una característica más de estos productos derivados es la vinculación que presentan respecto de su activo subyacente, al que siguen en su movimiento y que se ve reflejado, como no, en la cotización de los mismos. Por tanto, lo normal es que un CFD sobre Telefónica (por poner un ejemplo) “imite” el movimiento de esta acción en el mercado, subiendo o bajando en el mismo, de manera similar al que aquella lo hace.

La liquidación y el vencimiento. Es lugar común afirmar que los CFDs no tienen vencimiento, pero esto no es del todo exacto. En realidad estos productos financieros se liquidan de forma diaria al acabar la sesión negociada, lo que no impide en modo alguno que puedan ser prorrogados durante las sesiones que el operador considere oportunas. Es por esto que se suele decir que los CFDs no tienen vencimiento. En cualquiera de los casos hay que tener muy en cuenta (y para eso es necesario leer muy bien la letra pequeña de los contratos correspondientes) que si se dejan abiertas posiciones compradoras habrá que hacer frente al pago de los intereses correspondientes a esas posiciones compradas en concepto de financiación. Es decir pagamos. En el otro extremo, operando desde una posición vendedora, lo normal es que estas posiciones vendidas sean oportunamente retribuidas. Es decir cobramos, aunque últimamente hay algunos brókeres que no realizan dichos pagos.

Obviamente los intereses que pagamos (comprados) serán más altos que los que nos dan a la hora de pagar nuestras posiciones (vendidas). Esto que es absolutamente irregular a nuestro modo de entender, es una práctica desgraciadamente habitual en la mayoría de los brókeres.

Para acabar esta batería de características, podemos mencionar en último lugar (aunque no es la menos importante ni mucho menos) la obligación que existe en estos contratos de depositar garantías antes de poder operar con ellos. Esto suele ser común a otros productos derivados y funciona de forma muy parecida a como se realiza en el Forex o en los futuros financieros. El lector que quiera profundizar en ello puede recurrir a nuestro artículo “Garantías”.

Por último, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) nos habla de  cinco características principales con respecto a este producto y que solo mencionaremos, por haberlas traído ya a este documento con anterioridad: posibilidad de operar al aza o a la baja, vencimiento abierto, garantías, apalancamiento y reflejo del subyacente.

Practicar con CFDs.

Si usted quiere operar con CFDs puede hacerlo, como ya le hemos comentado en otras ocasiones, desde la plataforma Metatrader 4 que puede descargar de forma gratuita, preconfigurada y totalmente operativa de nuestro bróker, en español.

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Para operarlo correctamente necesitará acceso a una cuenta de datos, en este caso puede conseguir una de forma gratuita, con 100.000 dólares (ficticios, obviamente) con los que podrá practicar cómodamente, sin arriesgar su capital, hasta que conozca el producto en profundidad y se decida a realizar operaciones con dinero real.

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Finalmente decirle que nuestro bróker es XM (Trading Point Group/ XM es el nombre comercial de Trading Point of Financial Instruments) bróker internacional que posee las principales regulaciones mundiales, entre ellas las europeas, estando registrado en España, en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Puede encontrar mucha información si visita su página web.

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Los Contratos por Diferencias. CFDs.
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